15 años sin Enrique Urquijo. Segunda temporada de Carretera a Calgary

Hola de nuevo. Han sido unas vacaciones largas, unos meses ausentes de las (ciber) ondas, pero presentes en el ‘backstage’ el programa: estrenamos web (esta que estás leyendo en formato blog) y redes sociales (https://www.facebook.com/Carreteraacalgary y http://twitter.com/calgaryrockola). Por suerte en Rockola FM nos siguen queriendo (gracias a Joaquín por la paciencia), y nos vuelven a dejar cubrir nuestro mono de radio los miércoles a las 19h. Aunque estemos como el que todavía no tiene mesa en el salón y tiene que comer sobre cajas de cartón, pasad, estáis más que bienvenidos.

enrique urquijo

El último empujón que necesitaba para comenzar la temporada es ofrecer un humilde homenaje a Enrique Urquijo cuando se celebran los 15 años de su desaparición. Enrique forma parte de la primera división de los compositores españoles, que hoy recordamos gracias al centenar de canciones impasibles ante el tiempo y que han conseguido identificar a muchas generaciones. Seguramente el poeta más sensible de la movida madrileña, sobreviviendo junto a sus hermanos al injusto apodo de «babosos», bautizados así por aquellos que no estaban conformes con sus sonidos suaves y letras románticas, poco comunes en la época en la que los peinados de colores y las ropas asimétricas reinaban en los entornos culturales más rupturistas. Injusto apodo, decía, porque el tiempo ha dejado claro que aquello no dejó de ser en parte una moda en la que muchos de estos «babosos» no estaban interesados. Injusto también porque al fin y al cabo todos nos hemos sentido alguna vez identificados con alguna canción de Enrique Urquijo, todos hemos tenido nuestra «Eloísa», ya sea esperando a una chica a la vuelta de la esquina para que no te viera su padre («El primer cruce«), arrepintiéndonos y pidiendo clemencia («Hoy no«), o ahogando nuestras penas en un vaso de whisky («Quiero beber hasta perder el control«). Porque más allá de las letras crípticas y a veces indescifrables -o incluso malinterpretadas- de algunos compositores, Enrique utiliza un lenguaje sencillo que inevitablemente conecta con el público, cuenta historias en las que mucha gente se ha visto reflejado en algún momento de su vida, momento en el que todos llegamos a ser «babosos» en ese sentido.

Pero hay algo más en la aportación de Enrique Urquijo a la música, y es su contribución a integrar sonidos poco habituales en España, a enriquecer nuestros oídos con nuevos ritmos, y a no olvidarnos de nuestras propias raíces. Todo a la vez. El poeta triste en los 90 buscó apoyo para dar salida a sus ansias de experimentar con estilos en los que tenía menos experiencia, y para eso Begoña Larrañaga (acordeón) supuso un gran apoyo. Enrique de nuevo se subió a los escenarios más pequeños de de Malasaña, y gracias a Los Problemas nos ayudó a recordar otros estilos que quizás tenemos menos presentes en nuestro día a día. Sin dejar de lado, por supuesto, las influencias del country-rock que importaron Los Secretos, entre otros, a la producción nacional, y que no dejó de trabajar paralelamente durante su proyecto personal junto a Begoña.

Por todo eso recordamos a Enrique Urquijo con cariño, por esa capacidad comunicativa, al fin y al cabo, que supone conectar con el público con la música, por dar a conocer en España nuevos sonidos y por no conformarse con la estabilidad que le aportaba un grupo con el que llenaba grandes salas. Gente inquieta. Y en particular, por la parte del que escribe estas líneas, por poner una semilla que a medida que ha ido germinando me ha llevado a dedicar gran parte de mi tiempo a escuchar música.

Nos vemos el miércoles a las 19h en www.rockolafm.es con canciones para recordar a Enrique Urquijo

 

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